COLEGIO DE INGENIEROS INDUSTRIALES DE LA COMUNIDAD VALENCIANA
Jornadas
Foto: ©Milena Villalba
Ingeniería en tiempos de DANA: cuando la anticipación y la colaboración marcan la diferencia
La madrugada del 29 de octubre de 2024, la Comunitat Valenciana se enfrentó a un desafío sin precedentes. La DANA descargó con una intensidad devastadora, arrasando infraestructuras, inundando barrios enteros, interrumpiendo servicios básicos y dejando a su paso una estampa de desolación.
Decenas de municipios quedaron incomunicados, miles de hogares sin suministro eléctrico, agua o gas, supermercados y centros de salud bloqueados, y el transporte público paralizado.
Frente a una crisis de esta magnitud, se hizo evidente una verdad incontestable: la ingeniería es el motor de la resiliencia. La respuesta inmediata de empresas, administraciones y profesionales, unida a la creatividad técnica y a la coordinación de recursos, permitió que la sociedad se levantara en tiempo récord.
Conscientes de la importancia de aprender de lo vivido, el COIICV impulsó las Jornadas “Ingeniería en tiempos de DANA”, un espacio donde empresas energéticas, gestoras de agua y residuos, cadenas de distribución, operadores de transporte y administraciones públicas compartieron experiencias, aciertos y lecciones aprendidas. Este informe recoge su esencia: un relato coral de cómo la anticipación, la innovación y la colaboración marcaron la diferencia.
Energía: restituir la luz y el gas en medio del caos
En cuestión de horas, más de 180.000 hogares quedaron sin electricidad. Iberdrola activó sus planes de emergencia incluso antes del temporal, movilizando 500 personas y más de 100 grupos electrógenos. La digitalización de la red —sensores, comunicaciones robustas y maniobras automáticas— permitió que en solo 30 minutos se recuperara el 70% del suministro en las zonas menos dañadas. El resto requirió un esfuerzo titánico de reparaciones, con prioridad absoluta para hospitales, farmacias y colectivos vulnerables.
El gas natural también sufrió un impacto inédito. Nedgia tuvo que poner en seguridad 25.000 puntos de suministro en 14 municipios, cerrando estaciones reguladoras para evitar riesgos. La reposición se articuló en fases: primero evaluación y comité de crisis, después despliegue de más de 100 técnicos diarios, y finalmente reparación de miles de acometidas dañadas. En menos de dos semanas, el servicio estaba completamente restablecido. Además, se habilitaron ayudas directas a vecinos para reparar instalaciones privadas y se trabajó con asociaciones locales de instaladores, garantizando una recuperación rápida y cercana.
El mensaje común fue claro: la energía es vital, pero solo con planes de contingencia actualizados, redes inteligentes y coordinación institucional se puede responder a fenómenos extremos de esta magnitud.
Agua y residuos: proteger la salud pública
Si la electricidad y el gas eran esenciales, el agua no lo fue menos. El temporal dejó a cerca de un millón de personas en riesgo de desabastecimiento, con depósitos reducidos al 15% de su capacidad y colectores rotos que impedían captar agua bruta. Global Omnium improvisó instalaciones de bombeo y movilizó 750.000 litros en cisternas para mantener un suministro mínimo. En paralelo, Hidraqua desplegó soluciones innovadoras, como usar partes de una grúa para restituir conducciones críticas en Torrent en cuestión de días, cuando en condiciones normales habrían sido necesarias semanas.
El saneamiento también sufrió una presión inédita: 123 depuradoras quedaron anegadas, algunas arrasadas por completo. Una respuesta lenta habría supuesto un riesgo sanitario grave para la Albufera y municipios colindantes. La rápida actuación permitió recuperar su operatividad básica y evitar males mayores.
La gestión de residuos se convirtió en otro reto colosal. Toneladas de voluminosos y cañas colapsaban calles y playas. La EMTRE habilitó en 48 horas parcelas de emergencia y cerró temporalmente ecoparques para destinar vehículos y contenedores a los municipios afectados. Entre noviembre y marzo se recepcionaron 16.000 camiones de voluminosos y 18.500 toneladas de cañas, con cribados que recuperaron metales, maderas y arenas para su reutilización.
La lección es inequívoca: las plantas de residuos deben considerarse infraestructuras críticas, con accesos alternativos, autosuficiencia energética y protocolos claros para emergencias.
Distribución, logística y Transporte: garantizar bienes y transporte en plena crisis
El impacto en la movilidad fue inmediato. Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana pasó de transportar 375.000 viajeros diarios a cero en 24 horas. Talleres, vías y sistemas eléctricos quedaron devastados. La respuesta fue de gran escala: 61 contratos de emergencia por valor de 126 millones de euros permitieron restituir parcialmente el servicio en cinco semanas.
FGV apuesta ahora por duplicar puestos de mando en altura, invertir en monitorización en tiempo real y reforzar drenajes para evitar que futuras inundaciones paralicen la red. La recuperación total está prevista para mediados de 2025, pero el mensaje es claro: sin redundancias tecnológicas ni infraestructuras resilientes, el transporte público queda en jaque.
La distribución alimentaria tampoco fue ajena al caos. Consum y otras cadenas se vieron bloqueadas por carreteras cortadas y trámites burocráticos que impedían mover mercancías. La experiencia demostró la necesidad de protocolos uniformes que garanticen la movilidad de camiones y trabajadores en emergencias, evitando improvisaciones. Aun así, el suministro quedó asegurado y se coordinaron mensajes de calma con Mercadona para evitar la psicosis de desabastecimiento.
Un relato coral: la fuerza de la coordinación
Más allá de cada sector, el foro final de las jornadas, con representantes empresariales y de la administración, ofreció un relato coral.
- La anticipación salva vidas y servicios. La activación preventiva de planes y recursos extraordinarios fue decisiva.
- La coordinación multiplica la eficacia. Empresas, administraciones y ciudadanía demostraron que, trabajando juntos, la recuperación es más rápida y segura.
- La digitalización es imprescindible. Redes inteligentes, sensores y sistemas de telemando fueron la diferencia entre el colapso y la resiliencia.
- La inversión en infraestructuras no es un coste, es un seguro de vida. Elevar centros de transformación, soterrar líneas o reforzar drenajes urbanos son prioridades inaplazables.
- Las emergencias climáticas golpean más a los vulnerables. Personas mayores, con movilidad reducida o sin hogar requieren planes específicos de protección.
- El cambio climático obliga a una mirada nueva. La DANA no fue un episodio aislado, sino parte de un patrón creciente que exige políticas de prevención ambiciosas.
CONCLUSIONES Y LEGADO
De la DANA emergen lecciones que no deben olvidarse:
- La ingeniería es estratégica, no solo técnica. Sin ella, la recuperación habría sido mucho más lenta y dolorosa.
- La colaboración y coordinación público-privada es un valor tangible. Desde bomberos y UME hasta instaladores locales de gas y empresas de logística, todos fueron imprescindibles. Es fundamental una estrecha coordinación entre todos.
- La digitalización, la resiliencia y la anticipación deben ser ejes centrales de las inversiones futuras.
- El COIICV, al liderar este foro de reflexión, reafirma su papel como motor de soluciones para la sociedad valenciana.
- Es necesario que las empresas definan y actualicen sus planes de emergencia y protocolos de actuación para que haya una hoja de ruta marcada.
El impacto mediático de las jornadas, con amplia cobertura en prensa, televisión y radio, y los podcasts y vídeos producidos, permitió que el aprendizaje trascendiera a la ciudadanía. Porque estas jornadas no fueron solo un encuentro técnico: fueron un recordatorio de que la ingeniería está al servicio de las personas.




La DANA fue una catástrofe, sí, pero también un punto de inflexión. Un ejemplo de cómo una sociedad, con la ingeniería como aliada, puede levantarse más fuerte.